La Chula Pomarrosa

Enrique Orozco

febrero 18, 2023

Conocí a “la chula” Pomarrosa en mil novecientos cincuenta y ocho cuando cursábamos el cuarto grado de primaria, fuimos compañeros de clase. Su nombre: Abigail, no le gustaba, pero era bonita y nos acostumbramos a decirle la Chula. Se peinaba con un par de trencitas y un tupé que le cubría media frente. Usaba crinolinas con cascabeles que tintineaban anunciando su presencia. Su mamá, doña Blanca Luz, puso una nevería en la sala de su casa a media cuadra del parque central. Me volví adicto a consumir la deliciosa nieve de vainilla con mermelada de fresa. Cuando la Chula despachaba me daba una bola de helado extra y le cargaba la mano de mermelada, sabía que me gustaba.

Don Lico Pomarrosa, su papá, “semejante hombrón” de un metro ochenta y cinco, parecia oso, rondaba los cuarenta años, usaba bigotes tipo káiser y sombrero tejano. Solía bromear a mis costillas, me decía “yerno”, y reía al ver mi cara cambiar de color. Usaba pistola al cinto. En casa tenía una gran colección de armas. Una vez la Chula me mostro toda la artillería que su padre coleccionaba, dijo:

—Mi papá dice que si no te casas conmigo va a usar esta pistola —un viejo y oxidado revolver Colt—, y también dijo que si no te mata la bala te va a matar la diarrea del puro miedo.

El viejo Pomarrosa era aficionado a tirarle al blanco, al negro y al colorado. La Chula me contó que su padre ganó varias competencias de tiro de precisión.

—En una competencia —dijo—, le aventaron al aire una moneda de cincuenta centavos: “mi papá desenfundó sonaron cinco disparos y cayeron al suelo cinco monedas de diez centavos ja, ja, ja.

—¡Ah, cabrón!, ¿y luego? —pregunté.

—Creo que no entendiste mi chiste ja, ja, ja.

Y muy sonriente me preguntó:

—Tu papá ¿Sabe disparar?

—Si, en una cantina mi papá desenfundó y disparó.

—¿Qué disparó?

—¡Las otras! Ja, ja, ja.

—Cuando nos casemos vas a dejar de decir chistes sonsos ¿De acuerdo?

—Yo creo que no me voy a casar contigo Chula.

—¿Por qué no?

—Porque yo también tengo derecho a contar pendejadas.

Enrique Orozco González

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